El templo de la cuchara

 El templo de la cuchara es nuevo restaurante en Algeciras. Nuevo, al menos, en el momento de escribir estas líneas. Ayer por la noche cené allí por primera vez con unos amigos. Hacía tiempo que quería ir y no me arrepiento. 

 Este restaurante propone diferentes platos, muchos de ellos especialidades riojanas. Pero también se pueden encontrar platos tradicionales a los que el paladar andaluz está más acostumbrado. La carta de vinos es también muy interesante. Una vitrina expone ciertas botellas. Recomiendo fijarse en la fecha de algunas de ellas.

 Algo poco habitual: los postres son caseros. Pero, cuidado, pues aunque entres con ganas de probar su rica tarta de chocolate, quizá salgas con las mismas ganas (de hecho, lo de rica lo digo sin saberlo). Y es que no todo se hace todos los días, al menos en cuanto a postres se refiere. El motivo es sencillo: los productos son frescos. Lo que comes en este lugar se ha hecho el mismo día que lo consumes.

 Un punto más a favor de este restaurante: la simpatía, humor, dedicación y amabilidad de su personal. Cuando uno va a un restaurante se alegra de que las personas que trabajan allí se tomen el tiempo de estar contigo, de explicarte la carta con cariño. 

 El ambiente del restaurante es agradable. Lo único que me parece que sobra es el televisor en una de sus paredes. En su lugar pondría un cuadro y, como ambiente, música a un volumen que permita hablar sin gritar. A ser posible jazz.

 Un lugar muy recomendable por todo lo dicho.

Ruido con respeto

 Todos hacemos ruido en casa. Algunos más que otros. Hace unos meses nos mudamos de un piso donde el ruido llegó al límite. Se escuchaban todos los movimientos, por pequeños que fuesen, de cualquiera de sus 44 pisos. 

 No sé si alguna vez habéis pensado en el ruido que hacen unos pies descalzos andando a toda pastilla por la casa. Tengo ese ruido metido en el cerebro. A veces la gente piensa que por andar descalzos no molestan. Esa gente no sabe andar descalzo.

 El problema no es el ruido, es la persona que lo hace. La solución no es dejar de hacer el ruido, es aprender a hacerlo con respeto. 

 En nuestro apartamento actual hay dos tipos de ruido irrespetuoso: 

- el de la vecina de arriba con sus tacones. Desde que vivimos aquí no usamos despertador. 

- el del resto de los vecinos. Cuando salen por la puerta del garaje no la sostienen y el portazo se siente en todo el piso.

 Muchas veces he pensado en poner un cartel, algo tipo NO DEN PORTAZOS, SUS VECINOS SE LO AGRADECERÁN.

 Siempre me he preguntado si el ruido que causamos nos molesta a nosotros mismos. Y la respuesta a la que siempre llego es que normalmente es un ruido que hacemos cuando no nos molesta, en un momento en que no lo sufrimos. Nuestros vecinos, cuando cierran la puerta del garaje, tienen prisa. Entonces no lo piensan. Además ellos no están en sus casas, como muchos otros, quizá aún en la cama porque son jubilados, están enfermos o lo que sea (no siempre hay que justificarse), pero nadie piensa en ellos.