Había mucha gente en la calle y me pareció extraño. Salí a la terraza y vi un desfile en una calle cercana, junto a la Universidad. En un apartamento del edificio situado junto al nuestro rebotaba la fuerza del sonido. Por la noche salimos a dar una vuelta y a comer en el Asador Vaca-Vaca. Desde hace tiempo nos parecía que el restaurante Mama Suegra, situado en el local contiguo al Vaca-Vaca estaba cerrado. No tardé mucho en comprenderlo al ver que la camarera que nos atendía esa noche era la misma que un tiempo antes nos había servido en el Mama Suegra. En cualquier caso, ambos restaurantes son excelentes lugares para comer y beber un buen vino.
Pero volvamos al carnaval. Como decía, las calles estaban llenas y nada más que una fiesta popular podía hacer que la gente decidiera quedarse un fin de semana en esta ciudad. El suelo de todas las calles era de color serpentina y unos hombres con unas especies de aspiradoras que resultaron no serlo paseaban por la ciudad limpiando. Sobre todo había niños disfrazados y, de vez en cuando, algunos adultos. En la Plaza Alta habían montado un escenario con música y varias carpas con restaurantes.
Fue toda una fiesta ver que hay algo que hace que la gente no salga huyendo en cuanto llega el viernes...




