Patrick Malone

 Patrick Malone es un bar de copas situado en la calle Trafalgar. Tiene un karaoke. Es este, sin duda, su mayor atractivo. Ayer era tarde, habíamos estado en la Feria de la ciudad que tiene lugar estos días, y necesitábamos otra cosa, alejarnos del insoportable ruido de las calles, las casetas, etc. Caminamos hasta el centro, cenamos en un par de sitios y buscamos un bar para tomar una copa. Todo estaba cerrado, salvo el Patrick Malone. 

 Cuando llegamos al bar había un grupo de amigos cantando. Serían 6 ó 7 personas, entre 35 y 40 años. Fue una noche estupenda, compartimos canciones y risas. El dueño del bar cantó un par de temas, mucho mejor que nosotros. 

 El repertorio de canciones es muy amplio y en varios idiomas. El equipo de sonido es bastante bueno. Organizan un concurso de karaoke a nivel internacional. Es un lugar distinto de Algeciras y una buena alternativa a las fiestas populares. Uno de los pocos bares que se arriesgan a abrir cuando todo cierra por la "fiesta grande" de la ciudad.

Los sonidos de la ciudad

 Cada ciudad tiene unos sonidos propios. Los que más me llaman a mí la atención de Algeciras son las gaviotas por la mañana, los claxons de los coches a cualquier hora, la cancela del edificio en el que vivo porque retenerla debe ser muy complicado y los muebles, taconeo y demás ruidos de los vecinos de arriba.

 El sonido de las gaviotas es quizá el más representativo de la ciudad. Al menos es un síntoma de la presencia de la naturaleza en esta ciudad tan salvajemente industrializada. 

 Los claxons de los coches es uno de los más desagradables, pues suelen ser repetitivos e innecesarios. Demuestran la falta de sensibilidad (y de respeto) de la persona que los hace, o quizá también la holgazanería, pues bajarse de un coche para llamar al timbre debe ser muy duro... ¿Estas personas no tienen móviles?

 Lo de la cancela del edificio es una lucha perdida. Claro, que es una lucha más bien interna, porque tendría que pelearme con medio edificio para que cesara este ruido. Uno puede estar de pie junto a la entrada y el vecino que sale deja ir la cancela como si no hubiese nadie y, de pronto, sientes el portazo en tu oído como un cohete inesperado para festejar alguna tradición popular. 

 Los ruidos de los vecinos de arriba sí que es una lucha real. Empezaron al poco de llegar aquí: muebles arrastrados a casi cualquier hora, gritos de mayores y niños y tacones insaciables recorriendo el piso hasta la extenuación. A veces me cruzo con el padre en el ascensor y le hablo, a ver si consigo caerle bien y así se solidariza con la situación. La hija, desde hace unas semanas, nos pone mala cara.

Betel

 La Asociación Betel tiene una sede en Algeciras. Hoy he visitado un rastro que tienen en el Paseo de la Conferencia, frente a la malograda Oficina de Turismo de la ciudad. En este rastro se venden los más diversos objetos de segunda mano: libros, muebles, ropa, casettes, vídeos, cedés... Incluso hay un loro, aunque no me queda claro si lo venden o vive allí.

 Una amiga me habló de ellos y por fin he podido ir. Estoy contento con la visita, porque he conseguido encontrar un libro de poemas de Lola Peche, la poetisa algecireña, por 50 céntimos. He buscado libros de esta persona en distintas librerías de Algeciras sin éxito. La visita ha sido corta, con lo que tendré que volver otro día, pero ha merecido la pena. Hay libros en distintos idiomas y algunos muy antiguos. 

 En este rastro hay un ambiente particular y muy familiar. Continuamente entra y sale gente. Cuando llegué era un poco tarde. Estuve unos 20 minutos mirando los libros y oí cómo cerraban las grandes puertas metálicas. Estaban cerrando y no se dieron cuenta de que yo estaba dentro. Afortunadamente salí a tiempo y pude dormir en casa.

La Flauta Mágica

 El restaurante La Flauta Mágica está situado en el número 19 de la Avenida del Carmen, frente al puerto de la ciudad. En él se pueden degustar platos como el cuscús (de varios tipos: pollo, ternera, cordero), el tajine (también de varios tipos), patatas asadas en salsa, pinchitos de varios tipos de carne y otros platos. La carne es halal y en el restaurante no se sirven bebidas alcohólicas.

 Proponen un menú con dos platos por 7,95 euros que incluye pan, bebida y postre. Al final de la comida suelen servir un té a la menta, quizá demasiado azucarado. El personal es amable y la comida se sirve con bastante rapidez, lo que no implica que sea de baja calidad. Al contrario, los platos son caseros y de un excelente sabor. Aceptan grupos, en cuyo caso suelen preparar varios platos de las distintas especialidades de la casa.

 Curiosidades: si uno mira a su alrededor mientras come, se dará cuenta de la familiaridad del lugar (niños regresando de la escuela, por ejemplo). El ambiente es internacional, pues la situación frente al puerto hace que coman allí africanos, europeos, americanos, algecireños, etc.

 Es, sin duda, un buen lugar donde probar la comida magrebí en un ambiente tranquilo y familiar.
 Hace varios meses que vivo en Algeciras y en mi círculo de amistades hay pocos algecireños. Lo mismo me ocurrió cuando estaba viviendo en Francia con los franceses. De hecho, creo que sólo conozco a un "especial". Efectivamente, cuando uno sale a la calle, se relaciona y entabla cierta amistad, pronto se da cuenta de que está rodeado de gente que no ha nacido en Algeciras, como uno mismo. 

 Los primeros contactos con personas en esta ciudad vinieron de la mano de nuestro casero, persona apañada y dispuesta. Curiosamente, no coinciden en nuestro caso casero y dueño del piso. Es una historia complicada... Poco a poco tuve que ir haciendo papeleo y esto me llevó a conocer a personas en la oficina del SAE y en mi centro médico. Todas ellas me atendieron con gran amabilidad y profesionalidad. Supe que algunas de ellas no eran nacidas en Algeciras, de otras lo desconozco.

 No pretendo con ello hacer alguna diferencia entre los algecireños y los que no lo somos. Concretamente nací en Sevilla y no sé si correspondo bien al arquetipo sevillano, si existe. Lo que sí he notado, y me gusta, es que los algecireños son críticos con ellos mismos. Algunos pueden ver en esto un espíritu destructivo, nada está bien, se construye algo y se destruye con la palabra (y a veces con los actos). Particularmente, creo que la autocrítica representa un mérito, y los algecireños saben hacerla con humor, lo que es aún más digno de admirar.

 A veces camino por la calle y siento el miedo en la gente: cuando vas detrás de alguien, te vas acercando a esa persona para pasar a su lado, y justo antes de que la alcances, se vuelve porque escucha tus pasos y desconoce tus intenciones. Creo, y quizá me equivoque -en cuyo caso iniciaré otra entrada para corregirme- que los algecireños son desconfiados, y me pregunto por qué. Un ejemplo: ayer se volvió a romper la cerradura del portal de mi edificio. Llamé a otro piso para que me abrieran, indicando quién era y el motivo por el que llamaba, y el vecino, de mi misma planta, no quiso abrirme, pidiéndome que llamase al piso al que yo iba. ¿Y si no había nadie? Supongo que nunca se le pasó esta posibilidad por la cabeza. Yo, en cambio, sí pensé que tendría algún motivo de peso para no haber accedido a abrirme, seguramente relacionado con la desconfianza de la que hablo, porque habrá tenido alguna experiencia negativa. Esto no es propio de aquí, pasa en muchos sitios, pero aquí me ha llamado la atención de forma particular.

 Al instalarnos aquí, nuestro anterior casero, nos comentó que tenía un piso en Getares en alquiler y que aquéllo era "otro nivel". Detesto esta expresión y lo que puede significar. No creo en distintos niveles y creo que sólo conducen a establecer diferencias que no aportan nada positivo. 

 Dicho esto, que cada uno viva pensando como quiera.